Un viaje al corazón de la Extremadura aragonesa medieval
El pasado 14 de noviembre de 2025, los estudiantes de 4º curso del Grado en Historia de la Universidad de Zaragoza, en el marco de la asignatura Historia de Aragón (periodo medieval), realizaron una salida de prácticas externas que permitió conectar la teoría vista en el aula con la realidad material de nuestro pasado.
La jornada, que transcurrió entre el castillo de Peracense y la ciudad de Daroca, tuvo un triple objetivo. Profundizar en el conocimiento de la Comunidad de aldeas de Daroca, analizar la arquitectura defensiva de una fortaleza situada en la Extremadura aragonesa, en la frontera con Castilla y comprender la evolución del trazado urbano de Daroca desde el periodo andalusí hasta el inicio de la Edad Moderna y cómo éste jugó un papel fundamental ante los eventos meteorológicos extremos, cada vez más frecuentes, ocurridos entre los siglos XIV y XVI.
La Comunidad de aldeas: un modelo de organización único
Durante el viaje, se explicó cómo esta institución —que agrupaba a más de un centenar de aldeas— no dependía de ningún señor feudal, sino directamente del rey. Además, con el paso del tiempo, fue adquiriendo una serie de privilegios que favorecieron un elevado nivel de autogestión. También reflexionamos acerca de la importancia de esta estructura en la defensa y vertebración del territorio tras la conquista cristiana y cómo la solidaridad entre las aldeas permitió la defensa común ante las pretensiones de Daroca y las amenazas exteriores.
El castillo de Peracense
La primera parada fue el Castillo de Peracense. Alzado sobre el característico rodeno rojo de la zona, este enclave fue una pieza clave en la defensa de la Extremadura aragonesa frente a Castilla. Allí, los alumnos aprendieron cómo la gestión de este castillo recaía en la propia Comunidad, que debía proveerle recursos y hombres para su mantenimiento, especialmente ante la amenaza de un ataque.
La visita permitió observar los tres recintos amurallados y comprender cómo la topografía se puso al servicio de una estrategia militar diseñada para proteger no solo una frontera política, sino el patrimonio y la seguridad de la Comunidad.
Daroca
Finalizada la visita guiada al castillo, el grupo de trasladó a Daroca. Allí pudieron ver, en primer lugar, La Mina y la torre de la basílica de Santa María de los Sagrados Corporales, dos elementos del paisaje darocense muy relacionados con la lucha contra las consecuencias de los eventos meteorológicos extremos que sufrió la ciudad entre los siglos XIV y XVI, y que fueron cada vez más abundantes y dañinos.
A continuación, aprendieron acerca de la topografía urbana anterior y posterior a la conquista cristiana, y cómo la instalación masiva de población cristiana tras 1120 provocó el crecimiento de la ciudad dentro de sus murallas hasta vertebrarse en torno a la Calle Mayor, una de las más anchas de Europa.
En definitiva, esta práctica externa ha permitido a los futuros historiadores e historiadoras profundizar en sus conocimientos sobre determinados aspectos vistos en el aula y poder ver, de primera mano, enclaves tan importantes para la historia aragonesa.